Las veces que quedan

En agosto vendimos KrakenD. Cinco años de trabajo, una buena salida, el final feliz que se supone que uno persigue. La historia la conté hace unos días; el resumen es que salió bien.

Y al día siguiente, la vida seguía exactamente igual.

Ya me pasó con Uvinum. Consigues lo que llevabas años persiguiendo y no cambia nada. Uno esperaría que llegar ahí cambiara algo. No sé el qué. Una sensación de que ya está, de haber completado algo. Pero no funciona así.

Seguramente yo sea parte del problema. Tengo una tendencia a la obsesión, a dejar que lo que hago ocupe todo el hueco disponible. He de decir que llevo años trabajándolo y he mejorado mucho respecto a hace seis o siete años, cuando estaba metido en Uvinum hasta las cejas y me pegaba jornadas interminables. Tanto, que prácticamente me perdí los primeros dos años de mi hija pequeña, Abril. Estaba tan metido en lo que hacía que lo más importante que me estaba pasando me pasó de largo. Pero, curiosamente, lo que entonces me habría parecido un logro, hoy me sabe a poco. Uno se acostumbra a todo, imagino.

A todo esto, el tiempo pasa y la edad sigue haciendo su trabajo. Mi madre murió hace ocho años. Mi abuela, la última que me quedaba, el año pasado. Uno va tomando conciencia de que ya queda menos por delante que por detrás (¡si todo va bien!). Júlia ahora tiene trece años, Abril diez. Cada año que pasa es un año menos de tenerlas así. Abril aún viene por las mañanas, los fines de semana, a despertarnos a la cama (Júlia ya no). A veces nos quejamos, sabiendo que lo echaremos de menos cuando ya no lo haga.

Hace unas semanas escuché a Jaime Rodríguez de Santiago de Kaizen sobre un ejercicio que tengo pendiente: dibujar una cuadrícula donde cada cuadro es una semana y cada fila un año. Noventa filas de cincuenta y dos cuadros. El ejercicio consiste en colorear lo que uno ya ha vivido. Marcar los años en casa de mis padres, cuándo conocí a Silvia, cuándo nos fuimos a vivir juntos, cuándo nacieron las niñas. Luego marcar cuándo murió mi madre, mis abuelos. Y las casillas que corresponderían a la edad que tenían ellos cuando murieron. Y mirar dónde estoy yo ahora.

Es un ejercicio que me ha hecho pensar en “las veces que quedan”. Cuántos fines de año más con los amigos, cuántos viajes en familia, cuántas noches más pidiéndonos que vayamos a sus camas a darles un beso.

Y en qué hago yo con eso. Hace poco, en una cena con amigos, discutíamos sobre esto: si el tiempo libre hay que planificarlo o dejarlo fluir. Si ser deliberado con las relaciones que quieres mantener es sano o es convertir la vida en otro trabajo. No tengo una respuesta clara. Pero sí sé que si no haces nada, las amistades se diluyen solas. No hace falta enfadarse ni alejarse. La vida lo hace por ti.

Con este grupo la amistad viene de hace años, del trabajo. Pero hace cosa de cuatro años cambiamos algo: además de lo típico de buscar huecos para vernos, quedar para cenar o tomar algo, convertimos en tradición hacer una escapada juntos cada año. Y le dimos una vuelta de tuerca más: acordamos ahorrar una cantidad mensual en Bitcoin para, cada cuatro años, pegarnos un viajazo con lo acumulado. Este año tocó Sicilia. El viaje estuvo bien, pero lo importante no era el viaje. Era todo lo demás: las conversaciones mensuales, elegir destino, descartar opciones, planificar a corto y a largo plazo. Eso es lo que ha reforzado los lazos.

Lo que sí tengo claro es que si yo dejo fluir, mi tendencia natural a la obsesión con el trabajo hace lo suyo. Así que para mí la respuesta es planificar: poner en el calendario las cenas, los viajes, las veces que quedan. Quizá no sea lo ideal, pero a mí me funciona.

Cuando vendimos KrakenD escribí que la suerte no sustituye al trabajo, pero necesita que estés ahí cuando llega. Con la gente que quiero pasa algo parecido: nadie te avisa de cuál va a ser la última vez. Y estar ahí es lo único que de verdad depende de mí.

Y hasta aquí. Voy a prepararme con las niñas para la cena de fin de año con los amigos, a dar la bienvenida al nuevo año. Que las casillas vacías no se rellenan solas.

¡Feliz 2026!

Albert Garcia

Cofounder and former CTO of Uvinum. Founder of Obolog and Splitweet. Father of Júlia & Abril. I'd like to travel more and improve my guitar skills.

El Prat de Llobregat, Barcelona https://twitter.com/obokaman